Nutrición y salud
Alimentos funcionales

Alimentos funcionales: viejos conocidos

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¿Sabes qué son y de dónde provienen los alimentos funcionales? No proceden del espacio exterior ni son un ingenio de los laboratorios de la NASA... De hecho, muchos de ellos han formado parte de nuestra dieta desde siempre. Sigue leyendo este artículo y aprenderás a identificar los alimentos funcionales para poder disfrutar de las ventajas de su consumo.

¿Qué son los alimentos funcionales?

El concepto de alimentos funcionales proviene de Japón y fue acuñado a principios de los años 80 del siglo pasado por el gobierno nipón con la intención de validar una serie de productos para mejorar la salud general de la población.

A partir de ese entonces se empezó a utilizar el concepto de alimento enriquecido, que contenía vitaminas, minerales, probióticos o fibra.

De aquel movimiento de conceptos se llega a la constatación de que la propia naturaleza ya produce, por sí sola, alimentos funcionales, que promueven la salud y contribuyen a reducir el riesgo de desarrollar alguna enfermedad

Alimentos funcionales, ejemplos

Seguro que te preguntas ¿y cuáles son, los alimentos funcionales? La respuesta es clara. Los alimentos enriquecidos de forma natural son:

  • Frutas
  • Verduras
  • Frutos secos
  • Cereales en general

La idea de enriquecer ingredientes con fines saludables o terapéuticos surge a principios del siglo XIX, cuando se descubrió que la sal yodada resultaba beneficiosa como medida preventiva del bocio, síntoma del hipertiroidismo.

Contrariamente a lo que pueda parecer, los alimentos funcionales no tienen un aspecto distinto y suelen estar presentes en una dieta equilibrada habitual. 

Más allá de los conceptos comerciales y de marketing, la característica diferenciadora de los alimentos funcionales es su efecto potencialmente positivo en la salud, por encima de sus propias capacidades nutricionales.

Un claro ejemplo de alimento funcional es la avena, cereal que contiene un tipo de fibra denominada beta glucano que, según estudios científicos recogidos en la base de datos de los Institutos Nacionales de Salud de los EE.UU, contribuye a mejorar la función inmunológica y cardiaca.

De la misma manera, las frutas y verduras también son alimentos funcionales, que contienen antioxidantes naturales, por lo que ayudan al cuerpo humano a protegerse de posibles enfermedades.

Categorías y valores que aportan los alimentos funcionales

Es importante tener en cuenta que los alimentos funcionales se dividen en dos categorías: los convencionales y los modificados. Vamos a verlos en detalle:

Alimentos funcionales convencionales

Los alimentos funcionales convencionales están formados, desde su nacimiento, por ingredientes ricos en nutrientes, como vitaminas, minerales, antioxidantes y grasas saludables, beneficiosas para el cuerpo.

Algunos ejemplos de alimentos funcionales convencionales son:

  • Frutas como el kiwi, la pera, la manzana, la naranja o el plátano.
  • Verduras como el brócoli, la coliflor, el repollo, la espinaca, el tomate o el calabacín.
  • Frutos secos como las nueces, las almendras, los pistachos o los anacardos.
  • Cereales como la avena, la cebada, el trigo o el arroz.
  • Semillas como las de chía, lino, cáñamo o calabaza.
  • Pescados como el salmón, las sardinas, las anchoas, la caballa o el bacalao.
  • Hierbas y especias como la cúrcuma, la canela, el jengibre o la pimienta de cayena.

Alimentos funcionales modificados

A los alimentos funcionales modificados se les añaden, sustituyen o eliminan componentes, de manera que son alimentos enriquecidos para mejorar sus beneficios saludables. Las vitaminas, minerales, probióticos, fibra o ácidos omega 3 figuran entre los componentes más utilizados.

Algunos ejemplos de alimentos funcionales modificados son:

  • Zumos enriquecidos.
  • Leche y yogur con suplementos a base de ácidos grasos, calcio o vitaminas A y D.
  • Leche de almendras, arroz, coco, avena...
  • Pan y pasta.
  • Cereales reforzados con fibra y minerales.

La función global de los alimentos tiene dos partes fundamentales. Por un lado, la meramente nutricional, que permite nuestro sustento vital y, por otro lado, la sensorial, que nos proporciona el placer de disfrutar a través de los sentidos. Pues bien, en el caso de los alimentos funcionales hay una tercera parte, que tiene que ver con el valor añadido como beneficio para la salud.

Entre los valores aportados por los alimentos funcionales se distinguen varios factores:

  • Mejora de los mecanismos de defensa biológica.
  • Prevención contra algunas enfermedades específicas.
  • Control de las condiciones físicas y mentales.
  • Retraso de los procesos de envejecimiento.

Ahora bien, como reflexión final, queremos recalcar que, a pesar de que los alimentos funcionales, y especialmente los modificados, no curan ni previenen por sí solos, son una complemento a  tener en cuenta bajo circunstancias concretas. También deberías saber que, las legislaciones internacionales suelen estar orientadas a la protección del consumidor contra mensajes equívocos sobre las propiedades curativas o terapéuticas de algunos alimentos.

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