Nutrición y salud
intolerancia a la lactosa

Intolerancia a la lactosa: todo lo que necesitas saber

Índice de contenidos

La intolerancia a la lactosa es una de las dolencias digestivas más comunes en el mundo y  especialmente salta a la luz en países desarrollados. No es una condición grave, pero puede resultar muy molesta. Si tienes intolerancia a la lactosa o simplemente quieres aprender más sobre ella, este artículo te resultará de gran utilidad.

La intolerancia a la lactosa: ¿qué es?

La intolerancia a la lactosa es una condición del aparato digestivo en la que el intestino delgado carece de enzimas lactasa, que son las responsables de digerir la lactosa que se encuentra en los productos lácteos.

Estas suelen encontrarse en la pared de las células del intestino, que está replegado, en forma de vellosidades. Esto permite tener la máxima cantidad de enzimas en el mismo lugar. Cuando, por alguna razón, hay menos enzimas o menos vellosidades, la lactosa pasa a ser digerida por las bacterias del intestino: la tan famosa flora intestinal o microbiota. 

La flora intestinal no está diseñada para digerir la lactosa de una forma tan eficiente, así que “decide” fermentarla en forma de ácido láctico. Debido a unos fenómenos físicos que se conocen con el concepto de osmosis, esto provoca que el intestino suelte agua y se estimulan los movimientos intestinales, dando lugar a los síntomas que tanto incomodan a la persona afectada.

¿Cuáles son los síntomas de la intolerancia a la lactosa?

Entre los 30 minutos y las 2 horas de consumir un producto lácteo, una persona con intolerancia a la lactosa puede experimentar:

  • Diarrea
  • Hinchazón
  • Náuseas (incluso vómitos)
  • Gases
  • Cólicos estomacales

Los síntomas de la intolerancia a la lactosa no suelen ser muy graves en términos médicos, pero pueden resultar muy incómodos en la vida diaria de aquellas personas que la padecen.

¿Cuáles son las causas de la intolerancia a la lactosa?

Según el origen de la intolerancia a la lactosa, encontraremos tres tipos:

  • Intolerancia a la lactosa primaria: En este caso las personas nacen tolerando bien la lactosa hasta que, sin otro motivo aparente, desarrollan la intolerancia.
  • Intolerancia a la lactosa secundaria: Se refiere a cuando la intolerancia a la lactosa es consecuencia de otra enfermedad.
  • Intolerancia a la lactosa congénita: De carácter hereditario. En este tipo de intolerancia ya se nace con un déficit de enzimas lactasa.

¿Qué puedo hacer si tengo intolerancia a la lactosa?

Si tienes intolerancia a la lactosa:

  • Evita los lácteos cuanto puedas. 
  • Algunas formas ya fermentadas, como el queso o los yogures podrían sentarte mejor, porque parte de su lactosa se ha “digerido” previamente en el el proceso de fermentación.
  • También puedes pasarte a las alternativas lácteas de origen vegetal. Así podrías disfrutar de la experiencia de un yogur o un café cortado sin sufrir las consecuencias.
  • Busca artículos con etiqueta “sin lactosa”. Significa que llevan lactasa, que hará que toleres mejor la lactosa.
  • Elige artículos que, naturalmente, no tienen lactosa, a pesar de que no llevan la etiqueta “sin lactosa”. Por ejemplo, el queso gruyère, la mozarella de búfala auténtica, el Parmigiano-Reggiano o el manchego curado no contienen lactosa.
  • Si ninguna de estas opciones te convence, solicita una visita médica y que un profesional te ofrezca un tratamiento farmacológico que se ajuste a tus necesidades.

Como ves, la intolerancia a la lactosa no es grave pero puede resultar muy molesta. Esperamos que gracias a este artículo hayas encontrado las respuestas que buscabas.

Escribe un comentario